Las ocho claves del mejor estudiante
Empieza el curso. Muchos estudiantes quieren
mejorar sus notas, por orgullo personal, para obtener una media concreta
o simplemente porque sus padres así se lo demadan. Sea cual sea el
motivo, diferentes expertos -como la web norteamericana de excelencia
educativa superscholar.org- marcan las claves para ser el mejor
estudiante.
Memoria
La mejor receta para recordar algo es entenderlo.
Eso lo saben bien los estudiantes, pero como eso lleva mucho tiempo,
hay atajos -las reglas nemotécnicas-. Sin embargo, los expertos
aconsejan trabajar para conseguir mejoras a largo plazo. La memoria se
entrena y mejora, solo es cuestión de tiempo y muchos ejercicios para
hacer más flexible el cerebro: cambiar de mano al hacer cosas sencillas;
al entrar en un sitio fijarse cuántos llevan ropa de un color
determinado; mirar una foto y pensar 25 adjetivos adecuados; leer una
palabra y buscar cinco que empiecen por la misma letra; escribir por la
noche con quién hemos hablado por teléfono durante el día...
Lectura
Es, según el informe PISA, el mayor problema de
nuestros quinceañeros, que ni leen rápido ni entienden lo que leen. Para
mejorar en este capítulo hay ciertas normas: nunca se estudia en la
cama o en el sofá; hay que subrayar (si no se puede, apuntar en una
hoja) lo más destacado y las divisiones del tema; debe asegurarse de que
se entiende cada párrafo antes de pasar al siguiente (repitiendo lo
mismo con otras palabras); tener a mano un diccionario, porque casi
seguro que será necesario. Tras la primera lectura, hay que hacer el
resumen y un esquema.
Escritura
Escribir de forma clara y precisa es clave. Por
supuesto, hay que evitar las faltas de ortografía, los tachones, las
abreviaturas (tan habituales por culpa de los móviles) y los saltos en
la progresión de la historia. Los párrafos deben ser cortos; el
lenguaje, sencillo pero sin exceso de palabras comodín (cosa, tema); los
adjetivos y gerundios se usan con control. Y no hay que olvidar que
escribir también es persuadir.
Oratoria
Es la parte del aprendizaje que peor se enseña
en España en relación, por ejemplo, a EE.?UU., donde los alumnos están
acostumbrados a debatir sobre cualquier cosa, lo que les da una enorme
seguridad al hablar ante un público. En los novatos, para controlar los
nervios lo mejor es mover la punta de los pies; aunque gesticular en
exceso resulta molesto para quien escucha, tampoco uno debe quedarse
quieto como un muñeco; es conveniente mantener la mirada con el
profesor y desviarla alguna vez para rebajar la tensión; si uno ya sabe
que tiene que hablar en voz alta, lo mejor es preparar la lección en
casa practicando ante el espejo o con un familiar; deben evitarse las
repeticiones, pero estas son mejores que las muletillas de quien no sabe
cómo continuar la frase. Por supuesto, el tono es fundamental -ni muy
alto, ni en susurro- al igual que la vocalización.
Capacidad numérica
Es uno de los apartados más difíciles de
potenciar para quien no tiene mucha afinidad con los números. Existen
algunos trucos: repasar los datos, los errores son muy frecuentes; usar
la lógica (¿puede un barco transportar millones de toneladas de
cualquier cosa?); hay juegos de ordenador y teléfono de operaciones
sencillas que hay que resolver rápidamente; hacer cuentas mentales (por
ejemplo, en el súper, mientras se hace una compra, calcular el importe
total); recitar mentalmente los números de dos en dos, hacia delante y
hacia atrás; reducir un problema a cifras asumibles (8 kilos en vez de
8.320 toneladas) para ver cómo se resuelve...
Empatía
Las materias anteriores parecen puntales obvios
del buen estudiante, pero para los especialistas no son lo único
importante. Ser empático es una clave del éxito, tanto estudiantil como
profesional (Daniel Goleman hizo historia con su Inteligencia emocional y
en Princeton la hora del té entre profesores y doctorandos de
matemáticas se ha traducido en importantes proyectos). Los expertos
aseguran que para ser el mejor alumno posible hay que ser capaz de
trabajar con otras personas, llevarse bien. Para eso hay que ponerse en
el lugar del otro y saber gestionar los conflictos.
Deporte
El ejercicio aeróbico potencia los
neurotransmisores y, de hecho, no hacer ejercicio es un factor de riesgo
de alzhéimer; lo dice Fernando Gómez Pinilla, neurólogo de California.
Un estudio publicado en la prestigiosa revista científica PNAS indica
que practicar deporte mejora la capacidad de entendimiento y la
producción de células del hipocampo (zona del cerebro encargada de la
memoria y el aprendizaje). En otro estudio en la misma revista se
explica que un corazón fuerte y una buena capacidad pulmonar garantiza
suficiente oxígeno al cerebro. Junto al deporte es fundamental dormir
suficientes horas (de ocho a diez en la adolescencia).
Organización del tiempo
Nada de lo anterior se consigue si uno actúa por
impulsos desorganizados. Por eso, una buena agenda es la única forma de
encajar todas las piezas. En secundaria, el alumno dispone de entre
cinco y siete horas libres al día, además del fin de semana. Los mejores
estudiantes salen con sus amigos y sacan buenas notas.
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