martes, 10 de junio de 2014
Biografia del italiano Benito Mussolini
Benito Mussolini nació en Forlì (Italia) el 29 de julio de 1883. Fue hijo de Alessandreo Mussolini y Rosa Maltoni. Estudió docencia. Fue profesor, líder sindical y militante del Partido Socialista. Fue encarcelado varias veces por agitador.
Cuando en 1914, fue expulsado del Partido Socialista por apoyar el ingreso de Italia en la Primera Guerra Mundial. Se enroló y peleó hasta quedar herido en 1917. En 1919, creó los Fasci di Combattimento para combatir a los comunistas y anarquistas. Fue elegido diputado en 1921.
En octubre de 1922, organizó la "Marcha sobre Roma". Entonces el rey Víctor Manuel III lo nombró Primer Ministro. De inmediato organizó un Estado Fascista (nacionalista, militarista, anticomunista). Su afán imperialista lo llevó a invadir Etiopía (1935), Libia (1938) y Albania (1939).
En 1939, al comenzar la Segunda Guerra Mundial, Italia era aliada de Alemania. Mussolini organizó una fracasada invasión a Grecia. En julio de 1943, ingleses y estadounidenses invadieron Italia. Con el apoyo de Alemania, Mussolini organizó en el norte una "República Social Italiana", pero en 1945 fue capturado por los partisanos (comunistas) cuando intentaba huir a Suiza. El 28 de abril de 1945 Mussolini fue fusilado en Dongo.
miércoles, 5 de febrero de 2014
BIOGRAFIA DE EUGENIO ESPEJO
Francisco Javier de Santa Cruz y Espejo, nació en Quito el 27 de febrero de 1747. Sus padres fueron Luis Chuzhig, indígena nativo de Cajamarca que había llegado a Quito como paje de Fray José del Rosario. Luis Chuzhig padre del más grande ilustre de los próceres ecuatorianos, cambió en esta ciudad el apellido Chuzhig por el de Espejo. Su madre fue la mulata liberta Catalina Aldaz. Francisco Javier Eugenio fue bautizado en la capilla mayor de Quito, siendo su madrina doña Nicolasa de Pinto, el cura Pedro Valverde actuó en la ceremonia. Sus hermanos fueron María Manuela (esposa de José Mejía Lequerica); Juan Pablo, Presbítero y Capellán de los ejércitos libertadores y, Luis, el cual murió de niño.
martes, 4 de febrero de 2014
Independencia y soberanía popular
El
18 de septiembre de 1810 no es el día de la independencia: es el día de
la declaración de lealtad a un rey español depuesto por Napoleón,
realizada por una junta que declaró haber “prestado el juramento de usar
fielmente su ministerio, defender al reino hasta con la última gota de
su sangre, conservarlo al señor don Fernando Séptimo y reconocer al
Supremo Consejo de Regencia”. Nada muy heroico, aunque fue un primer
paso. La independencia vino en realidad años después, en 1818, cuando
maduró aquella aspiración firmada en la ciudad de Concepción, en enero
de 1812, entre los plenipotenciarios de la Junta de Concepción y los
representantes de la Junta de Gobierno de Santiago, en la llamada
Convención de Concepción: "La autoridad suprema reside en el pueblo
chileno". Llegaba para quedarse, y para ser cuestionada desde entonces
por las mentadas oligarquías, con frecuente éxito, la decisiva y noble
idea de la soberanía popular. Frente a ella el rey Fernando VII,
repuesto en el poder en diciembre de 1813, no quiso hacer concesiones, a
pesar de la Constitución liberal de Cádiz elaborada en su ausencia.
Esto provocó finalmente la pérdida de su imperio americano.
Pero es solo después de muchas vicisitudes, el 1 de enero de 1818, cuando Bernardo O’Higgins termina proclamando la independencia de Chile en Concepción, en el fragor del combate y frente a un nuevo desembarco de tropas españolas, cuyo texto es aprobado de forma definitiva, corregido y firmado por el Director Supremo, el 2 de febrero de 1818 en Talca. Poco después se consolidaría la declaración en los hechos en la Batalla de Maipú, en la que bajo el mando de San Martín los patriotas derrotaron para siempre, el 5 de abril de 1818, al ejército realista. ¡Que poco se conoce y se asume lo allí expresado!: “La fuerza ha sido la razón suprema que por más de trescientos años ha mantenido al Nuevo Mundo en la necesidad de venerar como un dogma la usurpación de sus derechos y de buscar en ella misma el origen de sus más grandes deberes. Era preciso que algún día llegase el término de esta violenta sumisión”. Sostenía O’Higgins que el sentido de la declaración de independencia era "que entiendan las naciones que ya no existe la debilidad que nos ha mantenido en forzosa sumisión; que debe esperarse un manifiesto de la justicia que nos asiste para nuestra heroica resolución; que tenemos fuerzas bastantes para sostenerla con decoro; y que jamás nos sujetaremos a ninguna otra dominación".
Pero es solo después de muchas vicisitudes, el 1 de enero de 1818, cuando Bernardo O’Higgins termina proclamando la independencia de Chile en Concepción, en el fragor del combate y frente a un nuevo desembarco de tropas españolas, cuyo texto es aprobado de forma definitiva, corregido y firmado por el Director Supremo, el 2 de febrero de 1818 en Talca. Poco después se consolidaría la declaración en los hechos en la Batalla de Maipú, en la que bajo el mando de San Martín los patriotas derrotaron para siempre, el 5 de abril de 1818, al ejército realista. ¡Que poco se conoce y se asume lo allí expresado!: “La fuerza ha sido la razón suprema que por más de trescientos años ha mantenido al Nuevo Mundo en la necesidad de venerar como un dogma la usurpación de sus derechos y de buscar en ella misma el origen de sus más grandes deberes. Era preciso que algún día llegase el término de esta violenta sumisión”. Sostenía O’Higgins que el sentido de la declaración de independencia era "que entiendan las naciones que ya no existe la debilidad que nos ha mantenido en forzosa sumisión; que debe esperarse un manifiesto de la justicia que nos asiste para nuestra heroica resolución; que tenemos fuerzas bastantes para sostenerla con decoro; y que jamás nos sujetaremos a ninguna otra dominación".
La independencia se hizo contra dogmas sostenidos por la fuerza y para no aceptar la sujeción a dominaciones por encima de la Nación y de la soberanía popular, según nuestros textos fundacionales. Se entiende así tal vez mejor por qué se habla tan poco de esta lección primigenia de la independencia nacional. Y de otro hecho que no resulta casual: el acta original, con las correcciones de O’Higgins, quedó destruida el 11 de septiembre de 1973, cuando un valiente Presidente de Chile decidió no aceptar la renuncia que los militares alzados contra la democracia le exigían y optó por resistir el bombardeo destemplado del Palacio de La Moneda, que destruyó hasta el Acta de Independencia, aunque esto lo obligara luego a quitarse la vida, pues su título provenía del pueblo y no estaba dispuesto a que fuera mancillado por la fuerza de la brutalidad.
Así, las naciones se construyen con valores que constituyen su cimiento. En el caso de las naciones modernas y democráticas, con el valor de la soberanía popular como supremo origen del poder. Y con el ejemplo de resistencia y rebeldía de sus líderes frente a la injusticia manifiesta. No es entonces de extrañar que surja con vehemencia creciente, pues proviene del origen de la Nación y de sus momentos más significativos, la consideración de que la actual configuración constitucional no es aceptable. Solo unos cuantos interesados en mantener sus privilegios y unos pocos necios pretenden negar que el actual orden constitucional carece de legitimidad de origen, a pesar de sus 31 procesos de enmienda, y de legitimidad de ejercicio suficiente, precisamente por no permitir la expresión de la soberanía popular. Lo impide el sistema de elección del parlamento y los quorum que dan poder de veto a la minoría en desmedro de la voluntad mayoritaria en materias decisivas. Al día de hoy, disponemos de un régimen de libertades pero de poco más que de una democracia interdicta por una configuración de oligarquías económicas y políticas para lo que verdaderamente importa: los derechos civiles, políticos y sociales, el nivel y estructura de los tributos para financiarlos, las regulaciones económicas y ambientales. Las oligarquías políticas se han consolidado e incluyen a las que representan directamente a las oligarquías económicas y a las que han sido cooptadas por estas últimas, con ayuda del sistema de financiamiento de las campañas por las empresas. Esta interdicción se origina en una transición que algunos tomaron como punto de llegada, mientras para la mayoría de los participantes en la gesta de octubre de 1988 era un mero punto de partida hacia un orden democrático y civilizado que gradualmente debía establecerse respetando los derechos de las minorías pero haciendo prevalecer la voluntad mayoritaria. Esa fue la promesa de 1990 y no el gatopardismo -que todo cambie para que nada cambie- según puede leerse expresamente en el primer programa de la Concertación, que en todo caso ha tenido cumplimientos parciales de gran relevancia. Pero no en la promesa de establecer en Chile la soberanía popular.
Los
“realismos” en esta materia que duran ya 22 años son a estas alturas
insostenibles, pues en realidad se llaman renuncias. Estas no tienen
apoyo en la sociedad y menos en las nuevas generaciones, que observan
una radical distancia con el orden actual y su sociedad de mercado, por
mucho que quieran convencernos de lo contrario quienes hicieron de
necesidad virtud y se explayan con abundante eco en los medios, como si
representaran algo más que sus personales reacomodos. Se requiere un
cambio de folio en la vida institucional del país, salvo que se quiera
mantener el statu quo de desigualdad, marginación de las mayorías,
crisis de representación y… creciente ingobernabilidad. Renunciar por
consideraciones subalternas de poder a dar curso a un nuevo proceso
constituyente (incluyendo a algunos que no debieran y que lo hacen en
nombre de una gobernabilidad precisamente puesta en cuestión por la
sobrevivencia de un orden institucional que bloquea la representación de
una sociedad cada vez más plural y exigente), es a estas alturas propio
de incivilizados, de autoritarios y de miopes. Prefieren provocar a la
juventud activa del país y a vastos sectores medios y populares, que
juntos constituyen la mayoría, y de paso aumentar la anomia y violencia
social que nada bueno augura, antes que escuchar a un insigne
conservador, Winston Churchill: “el principio central de la Civilización
es la subordinación de la clase dirigente a las costumbres establecidas
de la población y a su voluntad expresada en la Constitución”. Nunca
mejor dicho.
lunes, 27 de enero de 2014
GUERRAS DE INDEPENDIENCIAS

Las guerras de independencia hispanoamericanas fueron una serie de conflictos armados que se desarrollaron en las posesiones españolas en América a principios del siglo XIX, en los cuales se enfrentaron grupos independentistas contra autoridades virreinales y los fieles a la Corona española. Dependiendo el punto de vista desde el cual se aborden, estos procesos emancipatorios pueden verse como guerras de independencia o guerras civiles, o bien, una combinación de diversas formas de guerras.6
Los movimientos independentistas de América Hispánica adquirieron formas variadas de acuerdo con las condiciones que imperaban en cada región. Por ello «es esencial que, al principio, no reduzcamos movimientos diferentes a un denominador común. Grupos diferentes actuaron en etapas diferentes: la élite caraqueña tomó la iniciativa de separarse de la monarquía española en 1810 pero la élite de la capital novohispana se dividió en 1808 acerca de la cuestión de la autonomía dentro del imperio, se opuso a la revolución de Independencia en 1810 y no actuó como grupo homogéneo en 1821 cuando se integró en el movimiento de Iturbide».7
La crisis política en España y la ocupación de su territorio por parte de Francia en 1808 constituyen dos hechos que incentivaron el independentismo en Hispanoamérica. Como respuesta a la entronización de José Bonaparte en España, entre 1808 y 1810 se instalaron juntas de gobierno que ejercieron la soberanía ante la ocupación francesa, tanto en la península como en las posesiones de ultramar. Las diferencias entre España y las colonias se fueron agudizando después de esa crisis, lo que finalmente desencadenó los movimientos armados independentistas hispanoamericanos. La lucha armada entre los americanos y los ejércitos coloniales inició alrededor del 1810 en la mayoría de los dominios españoles. La independencia de las nuevas naciones se consolida en la década de 1820. Después de perder El Callao en enero de 1826, los únicos territorios dominados por los españoles en América eran Cuba y Puerto Rico.
Después del asedio final en El Callao no hubo otra operación militar en suelo continental desde España sobre las antiguas colonias hasta 1829, cuando la expedición de Isidro Barradas llegó a Tampico y fue derrotada por el Ejército Mexicano. Sin embargo los gobiernos independientes enfrentaron las guerrillas realistas, por ejemplo en 1823-1827 en (Venezuela); entre 1827 y 1830 en Pasto (Colombia); en el sur de Chile, apoyados por mapuches y pehuenches, hasta 1832; y la guerrilla de Iquicha en Perú, hasta la década de 1830.
Estados Unidos, el Reino Unido y Francia establecieron relaciones comerciales con los nuevos gobiernos americanos y posteriormente reconocieron la soberanía de los nuevos estados a lo largo de la década de 1820. Sin embargo España sólo abandonó los planes de reconquista después de la muerte de Fernando VII, ocurrida en 1833. Las Cortes españolas renunciaron a los dominios americanos en 1836 y autorizaron al gobierno para que pueda realizar tratados de paz y reconocimiento con todos los nuevos estados de la América española
Las guerras de independencia hispanoamericanas fueron una serie de conflictos armados que se desarrollaron en las posesiones españolas en América a principios del siglo XIX, en los cuales se enfrentaron grupos independentistas contra autoridades virreinales y los fieles a la Corona española. Dependiendo el punto de vista desde el cual se aborden, estos procesos emancipatorios pueden verse como guerras de independencia o guerras civiles, o bien, una combinación de diversas formas de guerras.6
Los movimientos independentistas de América Hispánica adquirieron formas variadas de acuerdo con las condiciones que imperaban en cada región. Por ello «es esencial que, al principio, no reduzcamos movimientos diferentes a un denominador común. Grupos diferentes actuaron en etapas diferentes: la élite caraqueña tomó la iniciativa de separarse de la monarquía española en 1810 pero la élite de la capital novohispana se dividió en 1808 acerca de la cuestión de la autonomía dentro del imperio, se opuso a la revolución de Independencia en 1810 y no actuó como grupo homogéneo en 1821 cuando se integró en el movimiento de Iturbide».7
La crisis política en España y la ocupación de su territorio por parte de Francia en 1808 constituyen dos hechos que incentivaron el independentismo en Hispanoamérica. Como respuesta a la entronización de José Bonaparte en España, entre 1808 y 1810 se instalaron juntas de gobierno que ejercieron la soberanía ante la ocupación francesa, tanto en la península como en las posesiones de ultramar. Las diferencias entre España y las colonias se fueron agudizando después de esa crisis, lo que finalmente desencadenó los movimientos armados independentistas hispanoamericanos. La lucha armada entre los americanos y los ejércitos coloniales inició alrededor del 1810 en la mayoría de los dominios españoles. La independencia de las nuevas naciones se consolida en la década de 1820. Después de perder El Callao en enero de 1826, los únicos territorios dominados por los españoles en América eran Cuba y Puerto Rico.
Después del asedio final en El Callao no hubo otra operación militar en suelo continental desde España sobre las antiguas colonias hasta 1829, cuando la expedición de Isidro Barradas llegó a Tampico y fue derrotada por el Ejército Mexicano. Sin embargo los gobiernos independientes enfrentaron las guerrillas realistas, por ejemplo en 1823-1827 en (Venezuela); entre 1827 y 1830 en Pasto (Colombia); en el sur de Chile, apoyados por mapuches y pehuenches, hasta 1832; y la guerrilla de Iquicha en Perú, hasta la década de 1830.
Estados Unidos, el Reino Unido y Francia establecieron relaciones comerciales con los nuevos gobiernos americanos y posteriormente reconocieron la soberanía de los nuevos estados a lo largo de la década de 1820. Sin embargo España sólo abandonó los planes de reconquista después de la muerte de Fernando VII, ocurrida en 1833. Las Cortes españolas renunciaron a los dominios americanos en 1836 y autorizaron al gobierno para que pueda realizar tratados de paz y reconocimiento con todos los nuevos estados de la América española
Las guerras de independencia hispanoamericanas fueron una serie de conflictos armados que se desarrollaron en las posesiones españolas en América a principios del siglo XIX, en los cuales se enfrentaron grupos independentistas contra autoridades virreinales y los fieles a la Corona española. Dependiendo el punto de vista desde el cual se aborden, estos procesos emancipatorios pueden verse como guerras de independencia o guerras civiles, o bien, una combinación de diversas formas de guerras.6
Los movimientos independentistas de América Hispánica adquirieron formas variadas de acuerdo con las condiciones que imperaban en cada región. Por ello «es esencial que, al principio, no reduzcamos movimientos diferentes a un denominador común. Grupos diferentes actuaron en etapas diferentes: la élite caraqueña tomó la iniciativa de separarse de la monarquía española en 1810 pero la élite de la capital novohispana se dividió en 1808 acerca de la cuestión de la autonomía dentro del imperio, se opuso a la revolución de Independencia en 1810 y no actuó como grupo homogéneo en 1821 cuando se integró en el movimiento de Iturbide».7
La crisis política en España y la ocupación de su territorio por parte de Francia en 1808 constituyen dos hechos que incentivaron el independentismo en Hispanoamérica. Como respuesta a la entronización de José Bonaparte en España, entre 1808 y 1810 se instalaron juntas de gobierno que ejercieron la soberanía ante la ocupación francesa, tanto en la península como en las posesiones de ultramar. Las diferencias entre España y las colonias se fueron agudizando después de esa crisis, lo que finalmente desencadenó los movimientos armados independentistas hispanoamericanos. La lucha armada entre los americanos y los ejércitos coloniales inició alrededor del 1810 en la mayoría de los dominios españoles. La independencia de las nuevas naciones se consolida en la década de 1820. Después de perder El Callao en enero de 1826, los únicos territorios dominados por los españoles en América eran Cuba y Puerto Rico.
Después del asedio final en El Callao no hubo otra operación militar en suelo continental desde España sobre las antiguas colonias hasta 1829, cuando la expedición de Isidro Barradas llegó a Tampico y fue derrotada por el Ejército Mexicano. Sin embargo los gobiernos independientes enfrentaron las guerrillas realistas, por ejemplo en 1823-1827 en (Venezuela); entre 1827 y 1830 en Pasto (Colombia); en el sur de Chile, apoyados por mapuches y pehuenches, hasta 1832; y la guerrilla de Iquicha en Perú, hasta la década de 1830.
Estados Unidos, el Reino Unido y Francia establecieron relaciones comerciales con los nuevos gobiernos americanos y posteriormente reconocieron la soberanía de los nuevos estados a lo largo de la década de 1820. Sin embargo España sólo abandonó los planes de reconquista después de la muerte de Fernando VII, ocurrida en 1833. Las Cortes españolas renunciaron a los dominios americanos en 1836 y autorizaron al gobierno para que pueda realizar tratados de paz y reconocimiento con todos los nuevos estados de la América española
Las guerras de independencia hispanoamericanas fueron una serie de conflictos armados que se desarrollaron en las posesiones españolas en América a principios del siglo XIX, en los cuales se enfrentaron grupos independentistas contra autoridades virreinales y los fieles a la Corona española. Dependiendo el punto de vista desde el cual se aborden, estos procesos emancipatorios pueden verse como guerras de independencia o guerras civiles, o bien, una combinación de diversas formas de guerras.6
Los movimientos independentistas de América Hispánica adquirieron formas variadas de acuerdo con las condiciones que imperaban en cada región. Por ello «es esencial que, al principio, no reduzcamos movimientos diferentes a un denominador común. Grupos diferentes actuaron en etapas diferentes: la élite caraqueña tomó la iniciativa de separarse de la monarquía española en 1810 pero la élite de la capital novohispana se dividió en 1808 acerca de la cuestión de la autonomía dentro del imperio, se opuso a la revolución de Independencia en 1810 y no actuó como grupo homogéneo en 1821 cuando se integró en el movimiento de Iturbide».7
La crisis política en España y la ocupación de su territorio por parte de Francia en 1808 constituyen dos hechos que incentivaron el independentismo en Hispanoamérica. Como respuesta a la entronización de José Bonaparte en España, entre 1808 y 1810 se instalaron juntas de gobierno que ejercieron la soberanía ante la ocupación francesa, tanto en la península como en las posesiones de ultramar. Las diferencias entre España y las colonias se fueron agudizando después de esa crisis, lo que finalmente desencadenó los movimientos armados independentistas hispanoamericanos. La lucha armada entre los americanos y los ejércitos coloniales inició alrededor del 1810 en la mayoría de los dominios españoles. La independencia de las nuevas naciones se consolida en la década de 1820. Después de perder El Callao en enero de 1826, los únicos territorios dominados por los españoles en América eran Cuba y Puerto Rico.
Después del asedio final en El Callao no hubo otra operación militar en suelo continental desde España sobre las antiguas colonias hasta 1829, cuando la expedición de Isidro Barradas llegó a Tampico y fue derrotada por el Ejército Mexicano. Sin embargo los gobiernos independientes enfrentaron las guerrillas realistas, por ejemplo en 1823-1827 en (Venezuela); entre 1827 y 1830 en Pasto (Colombia); en el sur de Chile, apoyados por mapuches y pehuenches, hasta 1832; y la guerrilla de Iquicha en Perú, hasta la década de 1830.
Estados Unidos, el Reino Unido y Francia establecieron relaciones comerciales con los nuevos gobiernos americanos y posteriormente reconocieron la soberanía de los nuevos estados a lo largo de la década de 1820. Sin embargo España sólo abandonó los planes de reconquista después de la muerte de Fernando VII, ocurrida en 1833. Las Cortes españolas renunciaron a los dominios americanos en 1836 y autorizaron al gobierno para que pueda realizar tratados de paz y reconocimiento con todos los nuevos estados de la América española
lunes, 20 de enero de 2014
PRIMEROS PRONUNCIAMIENTOS EN AMÉRICA
Las ideas ilustradas en América
En el llamado “Siglo de las Luces” se insertan la quiebra del Antiguo Régimen y el fin de la hegemonía hispana con las independencias americanas, el desarrollo de la Revolución Francesa, la construcción del estado republicano en la Francia napoleónica y la incorporación de los Estados Unidos a la política internacional. Fue un tiempo marcado por las guerras, en el que Europa, y con ella, el conjunto de territorios coloniales vivía en un tenso equilibrio.
En este escenario político y bélico surgió un pensamiento que defendía, desde la crítica universal, el triunfo de la razón, el imperio del conocimiento, la renovación de las artes y las letras, el optimismo filosófico y el valor de las leyes como ordenadores racionales de la vida de los individuos.
Estas eran las ideas de la ilustración y del enciclopedismo, las mismas que, junto con los postulados de libertad política y económica de la burguesía, cruzaron el océano Atlántico y llegaron a las colonias en América. Allí surgieron notables científicos y humanistas que, a partir de la razón y la observación de la naturaleza, llevaron a cabo estudios acerca de diversas ciencias. A la par, en diversos lugares de América se crearon sociedades científicas y literarias que compartían los planteamientos de la ilustración. Este hecho fue importante para comprender la independencia de Hispanoamérica.
LAS CAUSAS INTERNAS DE LA INDEPENDENCIA
Desde mediados del siglo XVII se operó una profunda transformación de la cultura, la ideología y el espíritu de las colonias de América, pues éstas habían adquirido un gran peso sobre la monarquía española, debió a su inmenso territorio, sus formidables recursos y su capacidad de demanda y adquirir productos europeos, convirtiéndose en un mercado absolutamente necesario para el desarrollo económico, comercial e industrial de los países de Europa.
La situación de conflicto provocando por la serie de reformas.
Las ideas ilustradas en América
En el llamado “Siglo de las Luces” se insertan la quiebra del Antiguo Régimen y el fin de la hegemonía hispana con las independencias americanas, el desarrollo de la Revolución Francesa, la construcción del estado republicano en la Francia napoleónica y la incorporación de los Estados Unidos a la política internacional. Fue un tiempo marcado por las guerras, en el que Europa, y con ella, el conjunto de territorios coloniales vivía en un tenso equilibrio.
En este escenario político y bélico surgió un pensamiento que defendía, desde la crítica universal, el triunfo de la razón, el imperio del conocimiento, la renovación de las artes y las letras, el optimismo filosófico y el valor de las leyes como ordenadores racionales de la vida de los individuos.
Estas eran las ideas de la ilustración y del enciclopedismo, las mismas que, junto con los postulados de libertad política y económica de la burguesía, cruzaron el océano Atlántico y llegaron a las colonias en América. Allí surgieron notables científicos y humanistas que, a partir de la razón y la observación de la naturaleza, llevaron a cabo estudios acerca de diversas ciencias. A la par, en diversos lugares de América se crearon sociedades científicas y literarias que compartían los planteamientos de la ilustración. Este hecho fue importante para comprender la independencia de Hispanoamérica.
LAS CAUSAS INTERNAS DE LA INDEPENDENCIA
Desde mediados del siglo XVII se operó una profunda transformación de la cultura, la ideología y el espíritu de las colonias de América, pues éstas habían adquirido un gran peso sobre la monarquía española, debió a su inmenso territorio, sus formidables recursos y su capacidad de demanda y adquirir productos europeos, convirtiéndose en un mercado absolutamente necesario para el desarrollo económico, comercial e industrial de los países de Europa.
La situación de conflicto provocando por la serie de reformas.
lunes, 13 de enero de 2014
Crisis del Antiguo Régimen
Crisis del Antiguo Régimen es la coyuntura de cambios que surgen en Europa Occidental en el periodo de aproximadamente cien años que va desde la publicación de la Enciclopedia (1751) hasta las Revoluciones de 1848.
Tipificación
Puede considerársela una crisis general y secular, porque, aunque no se la nombre con la cifra de un siglo (como la crisis del siglo III o del siglo XIV) la generalización de sus consecuencias fue de un evidente impacto en toda la civilización occidental. El hecho de que se identifique con los tres grandes procesos revolucionarios (revolución burguesa, revolución liberal, revolución industrial) añade algo de dificultad para su catalogación como crisis, pues las revoluciones serían un proceso de cambio acelerado, mientras que las crisis citadas anteriormente sufren cambios cuyas consecuencias son sólo visibles a largo plazo. Eric Hobsbawm ha llamado al periodo The Age of Revolution. Los contemporáneos vivieron la caída del Antiguo Régimen con total consciencia, y de hecho, le dieron ese nombre.
Extensión
El término Antiguo Régimen usado de forma restrictiva sólo se podría aplicar a Francia y extenderse a los estados-nación en que funcionaron monarquías autoritarias o absolutas durante la Edad Moderna, como España y Portugal (ver Antiguo Régimen). Inglaterray Holanda eran ya monarquías parlamentarias. El Este europeo está ocupado por Imperios de muy distinta caracterización (Austria,Rusia, Turquía y la emergente Prusia). Aun así las consecuencias del proceso de Crisis del Antiguo Régimen les afectarán a todos de forma decisiva, al igual que a buena parte del mundo, al menos a otro continente: América, este último con el aspecto diferenciado que le dan los procesos de Independencia (1776 para Estados Unidos, 1808-1824 para la América continental española y portuguesa). Para el caso de la Europa Central y Oriental, los cambios se prolongan en el tiempo hasta la Primera Guerra Mundial (1914-1918)
Conclusión
La crisis del Antiguo Régimen representa a la vez:
- El episodio final en la transición del feudalismo al capitalismo, con el triunfo de éste último como modo de producción.
- El asentamiento de la burguesía como nueva clase dominante.
- El Estado liberal como nuevo sistema político.
- El liberalismo político y económico como nueva ideología dominante.
También son señalables acontecimientos de más largo recorrido:
- Los cambios demográficos y urbanísticos se aceleran.
- Surge el proletariado industrial como nueva clase opuesta a la burguesía, y comienzan los conflictos sociales que se conocen como movimiento obrero.
Y notablemente, en el mundo de las ideas y creencias:
- La religión se separa del Estado y comienza un proceso de descristianización.1
- En Arte y Literatura triunfan sucesivamente el Neoclasicismo, el Romanticismo y el Realismo.
- La ciencia y la técnica entran en contacto entre sí y con la demanda social de la industrialización, con lo que sus posibilidades crecen exponencialmente.
jueves, 9 de enero de 2014
La lucha de la mariposa
Un hombre encontró un capullo de una mariposa y se lo llevó a casa para poder ver
a la mariposa cuando saliera del capullo. Un día vio que había un pequeño orificio
y entonces se sentó a observar por varias horas, viendo que la mariposa luchaba
por poder salir de capullo.El hombre vio que forcejeaba duramente para poder pasar su cuerpo a través del
pequeño orificio en el capullo, hasta que llego un momento en el que aparentemente
no progresaba en su intento.
Pareció que se había atascado. Entonces el hombre, en su bondad, decidió ayudar
a la mariposa y con una pequeña tijera cortó al lado del orificio del capullo para hacerlo
más grande, y así fue que por fin la mariposa pudo salir.
Sin embargo al salir la mariposa tenía el cuerpo muy hinchado y unas alas pequeñas
y dobladas. El hombre continuó observando, pues esperaba que en cualquier instante
crecerían lo suficiente para soportar al cuerpo, el cual se contraería al reducir lo hinchado
que estaba. Ninguna de las dos situaciones sucedió y la mariposa solamente podía
arrastrarse en círculos con su cuerpecito hinchado, y con sus alas Nunca pudo llegar
a volar.
Lo que el hombre en su bondad y apuro no entendió, fue que la restricción de la
apertura del capullo y la lucha requerida por la mariposa, para salir por él diminuto
agujero, era la forma en que la naturaleza forzaba fluidos del cuerpo de la mariposa
hacia sus alas, para que estuviesen grandes y fuertes y luego pudiese volar.
Libertad y el volar solamente podrán llegar luego de la lucha. Al privar a la mariposa de
la lucha, también le fue privada su salud, la vida. Si Dios nos permitiese progresar por
nuestras vidas sin obstáculos, nos convertiría en inválidos. No podríamos crecer y ser
tan fuertes como podíamos haberlo sido. ¡Cuánta verdad hay en esto!
Cuántas veces hemos querido evitar el camino de las dificultades, tomando esas tijeras
y recortando el esfuerzo para poder ser libres. Necesitamos recordar que nunca
recibimos más de lo que podemos soportar y que a través de nuestros esfuerzos y
caídas, somos fortalecidos, así como el oro es refinado con el fuego.
Nunca permitamos que las cosas que no podemos tener, o que no tenemos, o que no
debemos tener, interrumpan nuestro gozo de las cosas que tenemos y podemos tener.
No pensemos ni nos enfoquemos en lo que no tenemos, disfrutemos cada instante de
cada día por lo que tenemos y nos ha sido dado.
; )
Ale
jueves, 2 de enero de 2014
un dilema moral
Se te plantea el siguiente dilema Moral:
Estás conduciendo tu coche en una noche de tormenta terrible. Pasas por una parada de autobús donde se encuentran tres personas esperando:
1. Una anciana que parece a punto de morir.
2. Un viejo amigo que te salvó la vida una vez.
3. El hombre perfecto o la mujer de tus sueños.
¿A cuál llevarías en el coche, habida cuenta que sólo tienes sitio para un pasajero?
Piensa la respuesta antes de seguir leyendo..
Estás conduciendo tu coche en una noche de tormenta terrible. Pasas por una parada de autobús donde se encuentran tres personas esperando:
1. Una anciana que parece a punto de morir.
2. Un viejo amigo que te salvó la vida una vez.
3. El hombre perfecto o la mujer de tus sueños.
¿A cuál llevarías en el coche, habida cuenta que sólo tienes sitio para un pasajero?
Piensa la respuesta antes de seguir leyendo..
TU AUTO
LA NOCHE, LA TORMENTA
LA PARADA
LA ANCIANA
TU VIEJO AMIGO
TU HOMBRE PERFECTO
O LA MUJER DE TUS SUEÑOS
SUPONGO QUE CON LAS IMAGENES TUBISTE TIEMPO PARA PENSAR.
Este es un dilema ético-moral que una vez se utilizó en una entrevista de trabajo.
Podrías llevar a la anciana, porque va a morir y por lo tanto deberías salvarla primero; o podrías llevar al amigo, ya que te salvó la vida una vez y estas en deuda con él. Sin embargo, tal vez nunca vuelvas a encontrar al amante perfecto de tus sueños.
El aspirante que fue contratado (de entre 200 candidatos) no dudó al dar su respuesta. Me encanta, y espero poder utilizarlo alguna vez en alguna entrevista.
¿QUÉ DIJO?
Simplemente contestó: "Le daría las llaves del coche a mi amigo, y le pediría que llevara a la anciana al hospital, mientras yo me quedaría esperando el autobús con la mujer de mis sueños."
Moraleja: Debemos superar las aparentes limitaciones que nos plantean los problemas, y aprender a pensar creativamente
¿QUE HARÍAS VOS?
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